sábado, 2 de noviembre de 2013

Día 2: Mi juego de rol favorito

Segundo día de este desafío, en este caso dedicado a responder a una pregunta tan atrevida como crucial en la vida de un rolero, tan subjetiva como concreta: ¿Cuál es tu juego de rol favorito? Se me ponen los pelos como escarpias solo de encontrar una respuesta total. Por muchas vueltas que le he dado, de hecho, no soy capaz de hallar algo convincente.

Afortunadamente, he dedicado mucho tiempo a leer manuales. De hecho, creo que de todo lo leído solo he narrado la mitad, y jugado una cuarta parte de esta. He realizado reseñas, analizado juegos que nunca he tenido la suerte de probar. Algunos me gustaron más por unos u otros aspectos: ambientación, presentación del juego, sistema…Lo complicado es encontrar el juego que mejor encaje en todo. Afortunadamente, la pregunta es tu favorito, no el que consideres mejor. Eso me ha hecho eliminar, de un plumazo, bastantes juegos que, si bien son buenos juegos y he disfrutado con su lectura, no se ajustan a la respuesta.

Tras las eliminaciones pertinentes, me quedo con dos: Dungeons and Dragons 3.0 (nótese esta versión, con tantos bugs que sacaron una revisión de media décima más) y La Llamada de Chutlhu, en la que sería la última edición lanzada por La Factoría de Ideas.



Aunque llevo al primero en mi corazón, por ser mi primer juego, aquel al que más horas le he dedicado con una diferencia abismal y tener tantas opciones de personalización como te venga en gana (y más), no se convierte en mi juego favorito. Cierto es que mi principal ambientación, aquello en la que llevo trabajando media vida casi literal, se basó en este sistema, en este juego, en lo que inspira. Sin embargo, cuando descubrí el juego basado en las novelas de Lovecraft, se abrió ante mí la vereda de la puerta de atrás. Los textos de ambientación, lo detallado de la época, la mecánica de la locura, la investigación como eje motor del juego, incluso vista como un reto. No podemos olvidar que en este juego, todo se plantea como una auténtica aventura de exploración, con sus mecánicas más o menos consolidadas: se abre un enigma, se investigan determinadas localizaciones, se recopilan pistas, se accede al momento cumbre, se muere o se vuelve uno loco. Así son los guiones de la mayoría de las aventuras, tanto como en su homónimo D&D serían explorar mazmorra hasta llegar al tesoro final, reventar al bichote de turno e irte más contentos que unas pascuas.



Naturalmente, como soy contrario a ese tipo de normas impuestas, reinventé los conceptos del juego para mis partidas, aunque tengo que confesar que si algo me enamora de La Llamada de Cthulhu, son la cantidad y calidad de buenas partidas oficiales de las que dispone. La accesibilidad de su material en forma de suplementos y lo interesante de este gana por goleada a la cantidad de clones de aventuras que hay para D&D. Nótese que comparo ambos porque son los dos grandes cachos de mi corazón rolero hasta la fecha.

También destaco siempre el viaje a la locura del protagonista. La desmembración y la ambivalente lucha contra uno mismo a través del visionado de situaciones irreales e incomprensibles para nuestra mente son demasiado para mí. Hay un ejercicio de transmigración con el personaje, una suerte de estudio interior que está muy conseguido y representa un punto muy fuerte respecto a otros juegos. Quizás algunos de estos lo trabajen mejor, pero este les representa. Aventurarse en la interioridad de un individuo y determinar de qué manera se presenta el desafío para el jugador con el que trabajar la fascinación de un individuo normal por la tortuosa calle de la locura es un auténtico deleite para cualquier jugador de rol que disfruta con la interpretación. ¿Qué no te gusta la ambientación en los años 20? Tienes la época victoriana o la actualidad. Personalmente, creo que se pierde gran parte de la esencia, pero bueno: aquellos que no lo hayáis probado, hacedlo. Los que tuvisteis esa suerte, no dejéis de meteros en este juegazo. Quizás haya sistemas más simples, más indies, más fashions, pero como el original….ninguno.


Esto sí que es una aventura.

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