domingo, 10 de noviembre de 2013

Día 10: La historia que siempre recuerdas con tus amigos

Cumplimos el primer tercio del Desafío de los 30 Días con una entrada que llenará los blogs participantes de anécdotas nostálgicas y épicas, como poco. Esos momentos que quedan grabados en las mentes de todos los participantes del mismo, y que tiempo después, cuando las charlas van por derroteros insospechados, vuelven a nosotros para inundarnos de su recuerdo. Un recuerdo que siempre está acompañado de una enorme sensación de bienestar.

Aproveché que ayer teníamos jornada de campaña para reunir a gran parte de mi mesa de juego habitual y lanzarles esta pregunta. Ello nos dio para más de media hora de recuerdos y risas. Muchas de esas anécdotas cuentan con dos protagonistas claros, pero la que hoy voy a compartir con vosotros hace referencia a un personaje entrañable, al que todos cogimos mucho cariño: Astro, Navegante del Cielo, intepretado por el bueno de Blas.

Astro, la Arrendadera.

Antes de nada, hay que decir que Blas, el jugador, es uno de esos bienaventurados jugadores que viven muy intensamente las partidas; en especial, los momentos memorables y de tensión. Se pone muy nervioso, y es algo que traslada a sus personajes de forma magistral. Lo vive, que diríamos por aquí. Astro Navegante del Cielo era un gnomo druida, bonachón, algo usurero en ocasiones, sabio en los momentos tranquilos, nervioso e inquieto en los momentos más tensos. Y el de esta anécdota es uno de ellos.

Los jugadores se encontraban luchando contra dos mantícoras, unas temibles criaturas que un grupo de traficantes había capturado para venderlas una vez muertas. Estas se liberaron y atacaron a los protagonistas. El combate fue muy complicado, cayendo todos los participantes menos dos aventureros: Ozeam (un pícaro semielfo) y el propio Astro. Ozeam iba retrocediendo frente a una de estas criaturas mientras se tomaba pociones, defendiéndose como podía. Había un compañero que estaba en riesgo de muerte, y es el momento en que entra en acción la Arrendadera. Naturalmente, había que contar que el druida no tenía conjuros de sanación y que, por supuesto, las pociones no eran suficientes para prevenir la muerte de su compañero.



En este instante, hay que mencionar qué demonios era la Arrendadera. Esta era una planta que había sido tratada de forma especial, semillas de un árbol sagrado que confería la sanación a cualquier dolencia posible y restitutía a la vida en esa útlima frontera que separa la vida de la muerte. Este objeto se encontraba en la mochila de uno de los personajes caídos. Astro fue hacia él y comenzó a buscarlo, sacando malas tiradas en la habilidad correspondiente y generando ataques que la mantícora hacía una y otra vez contra él. Visualicen la escena: un gnomo buscando en una mochila agachado mientras una mantícora por la espalda le ataca consecutivamente. Por si fuese poco, el otro personaje gritaba: “¡Astro, la Arrendadera! ¡Astro, la Arrendadera! La conclusión de todo esto fue que Astro cayó sin remedio alguno.

Finalmente, con el uso de un objeto que estaba pensado para un momento más peligroso (aunque este lo era) Ozeam fue capaz de equilibrar el combate y salir airoso finalmente gracias a la intervención de un PNJ. En esa situación, todos nos reímos mucho de la tensión antes vivida. ¡Era para ver la cara del pobre Blas!

Y ¿saben que fue lo mejor de todo? Que la Arrendadera no existía. La habían usado en sesiones anteriores.

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